miércoles, 28 de junio de 2017

TLALPAN














Como vivir en un pequeño pueblo escondido en la ciudad, así es el Barrio Mágico de San Agustín de las Cuevas, en el centro de Tlalpan, donde el ambiente se conserva con el transcurrir del tiempo. ¡Descúbrelo tú mismo!

Foto: Ignacio Guevara
Foto: Ignacio Guevara
Foto: Ernesto Rosas
Foto: Ignacio Guevara
Foto: Ernesto Rosas
Foto: Ignacio Guevara
Foto: Ignacio Guevara
Foto: Ignacio Guevara
Foto: Ignacio Guevara
Foto: Ignacio Guevara
Foto: Ernesto Rosas

Algunos de los pobladores más antiguos de San Agustín de las Cuevas lo conocen, entre otros nombres, como el pequeño Vaticano, porque en él se establecieron conventos, seminarios, la Universidad Pontificia, sanatorios y hospitales. No resulta extraño ver enormes predios que ocuparon las huertas que, antaño, caracterizaron a Tlalpan, poblado situado en las faldas del cerro del Ajusco.

Tlalpan significa “tierra firme” o “sobre la tierra”. Su historia se remonta a los años 1500-1200 a.C., cuando una serie de aldeanos decidió establecerse en las faldas del Ajusco y fundar Cuicuilco. En la época virreinal, la región de Tlalpan tuvo como cabecera la población de San Agustín de las Cuevas, nombre tomado del santo patrono a quien se dedicó el templo principal, y lo de las cuevas fue el resultado de la erupción del volcán Xitle, que originó numerosas cavidades en los alrededores. Tlalpan está ligado a muchos momentos históricos del país y de la capital; por ejemplo, el cura José María Morelos y Pavón estuvo prisionero aquí en 1815, camino de ser fusilado en Ecatepec. Más tarde, en 1827, Tlalpan se convirtió en la capital del Estado de México. Aquí se estableció la Casa de Moneda (1828-1830) y durante la guerra contra los estadounidenses el general Scott tomó la población. Tlalpan se incorporó a la era del progreso en 1869, tras recibir los primeros trenes de vapor. La primera comunicación telefónica que hubo en la ciudad de México se realizó desde la posta telegráfica situada en la calle de Madero y el tranvía eléctrico se inauguró el 21 de octubre de 1900, cuyo recorrido del Zócalo a Tlalpan tomaba poco menos de una hora. Tres fábricas se instalaron aquí: la de Hilados y Tejidos La Fama Montañesa; la de casimires, alfombras y artículos de lana de San Fernando; y la de papel de Peña Pobre, asociada con la de Loreto a principios del siglo XX. Por su cercanía con el estado de Morelos, Tlalpan y varios de sus pueblos participaron en la revolución armada de 1910.


Anécdotas del lugar

Uno de los acontecimientos sociales más recordados de San Agustín de las Cuevas fue, sin duda, la boda de María Félix y Jorge Negrete, bautizada en aquel entonces como “la boda del siglo” en México, que se celebró el 18 de octubre de 1952 en la Finca de Capiotato, ubicada en la esquina de Allende y Matamoros. A ella asistieron numerosos artistas del momento, como Antonio Badú, Pedro Armendáriz, Tito Guízar y el Indio Fernández, entre otros. Se sabe que Miguel Poblaco, chofer de María Félix, informaba a sus amigos y familiares la hora en que ella saldría de la casa; por ello se congregaba un grupo de tlalpenses a su puerta sólo para admirarla.


Tómalo en cuenta

Pocos comercios tradicionales continúan en San Agustín de las Cuevas: la cantina La Jalisciense y el restaurante Quinta Ramón, instalado en una construcción centenaria. En las calles de Triunfo de la Libertad y Congreso hay una farmacia que se quedó detenida en el tiempo. Además, parte del casco de la Antigua Hacienda de Tlalpan es actualmente un famoso restaurante. ¡Visítalos!