sábado, 4 de diciembre de 2010

Tetela de Ocampo. Secreto entre los cerros


Si eres amante del turismo alternativo, esta opción, en el estado de Puebla, te conquistará con su geografía boscosa que oculta infinidad de sorpresas.

Por: Mayte G. Bonilla

Una de las características de este municipio poblano de geografía boscosa es que brinda todo tipo de sorpresas para quien gusta del turismo alternativo, pero también les aseguramos que es ideal para gozar de la apacible vida rural y descubrir historias inimaginables.

Nos internamos en la Sierra Norte de Puebla para llegar a nuestro destino, un  lugar “donde hay teteles”. Y es que el nombre de Tetela encuentra su significado en la legua náhuatl que hace referencia a la abundancia de sus cerros o “teteles”, montículos donde hay tesoros enterrados.

Resistiéndose al olvido

Dejamos atrás el último tramo de curvas, cuando vimos la iglesia que nos anunció nuestra llegada a la cabecera del municipio, la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción (1808), en lo alto del poblado. Bastó con seguir el sentido de las callejuelas, para llegar a la plaza central donde se ubica el Palacio Municipal. En esta construcción de estilo porfirista, se encuentra el museo Los Tres Juanes, en honor a los generales  que encabezaron la lucha contra la Intervención Francesa del 5 de mayo.

Después de una visita al museo, nos recomendaron ir a la Cruz para admirar el atardecer, por lo que tomamos la carretera a Cuautempan. No pasaron más de 10 minutos, cuando  encontramos el nicho que, según las indicaciones, era el lugar para estacionar el auto. Luego, caminamos cuesta arriba. Una vez que recuperamos el aliento, leímos en la cruz el nombre de la Misión que erigió este símbolo religioso en 1969. Pero el nombre de Los Josefinos, pasó a segundo plano cuando miramos a nuestro alrededor, encantados disfrutamos un bucólico espectáculo en el que la niebla desdibujó el paisaje de Tetela de Ocampo.

Senderismo y contemplación

Sin ningún rastro de nostalgia, la calurosa  mañana fue el pretexto ideal para conocer las cascadas de Aconco. Éstas se localizan a unos 45 minutos en la comunidad de Xaltempa de Lucas, un terreno poco explorado e ideal para hacer senderismo. Guiados por Marco Carrasco, salimos de la cabecera rumbo a Chignahuapan.

En el primer puente, viramos a la derecha y cruzamos un río. Al final del cruce, nuevamente seguimos por la derecha rumbo a Xaltempa. La carretera dio paso a una brecha de terracería, en la que el  nuestro guía señaló una hacienda blanca que perteneció al torero Joselito Huerta. Ésta, indicó, es señal de que se va por el camino correcto. Luego de unos 15 minutos, bajamos del auto para comenzar el descenso por el sendero de la montaña. La vista de la imponente falla ecológica que poco a poco descubrimos entre los árboles, no hizo más que darle rienda suelta a nuestro espíritu aventurero, así que seguimos cuesta abajo. Entre las paredes de roca y cortinas de heno, al fin vimos la primera cascada. La caída del agua dibujó una escena digna de admirarse por varios minutos, antes de refrescarnos en la poza donde reventaba el agua.

Después de tomar un descanso, bajamos a la segunda cascada. Tres veces más grande que la primera, su brisa alcanzó a humedecer nuestros rostros. No hicimos más que cerrar los ojos y dejarnos llevar por esa paz que suele producir el mundo en su estado natural.

De la montaña al subsuelo

La emoción por seguir descubriendo terrenos inhóspitos nos llevó hasta Carreragco, aquí se encuentran las Grutas de Acocomoca, que hasta hace diez años eran desconocidas. Por fortuna, hoy existe un hostal ecoturístico, en donde la misma gente de la zona atiende y guía a los visitantes. A una hora de Tetela, sobre el lado izquierdo de la carretera a Zacapoaxtla (Km 24), identificamos con facilidad las cabañas. Aquí nos recibieron los integrantes de la asociación civil, y nos dieron un par de cascos, indispensables para internarnos en las entrañas del cerro. Subimos por una pendiente hasta llegar a una cavidad de donde brotaba un río. Por suerte, habíamos seguido la recomendación de llevar un par de lámparas, un cambio de ropa y bolsas plásticas. A gatas nos internamos en el túnel cada vez más estrecho que al paso de nuestras luces, develaba sus formas minerales. Luego de cruzar algunas cuencas de agua cristalina, la cavidad se abrió. Nos recibió entonces un santuario subterráneo que pocos han tenido el privilegio de conocer, pues a estas grutas sólo se puede acceder cuando el nivel del agua lo permite. ¡Y vaya que lo agradecimos! Luego de dos horas de expedición, no hubo mejor premio que esas deliciosas truchas empapeladas que  saboreamos en el comedor del hostal ecoturístico, el cual cuenta con su propio criadero y una zona de campamento donde vimos caer la noche.

El que mucho se despide

La última mañana de nuestra estancia en Tetela, optamos por visitar la hacienda del artista Rafael Bonilla, a la que se hacen diez minutos desde la plaza central. Luego de desayunar unas gorditas de alberjón y comprar el pan de queso dulce que forma parte de la gastronomía típica, comenzamos la caminata hacia la localidad de Juárez.
Para llegar al tlapalcalli, hay que preguntar por la casa del pintor, como se le conoce entre los locales, e internarse por un camino de tierra a las faldas del cerro Juárez. Los dioses nahuas, esculpidos por Bonilla, nos recibieron en el patio de esta hacienda que cuenta con una galería en donde se exhiben las pinturas de éste y otros artistas tetelenses.

Aunque deseábamos quedarnos un poco más, debíamos darnos prisa, pues siempre es mejor conducir de día cuando se maneja por la sierra. De salida de Tetela, decidimos desviarnos hacia La Cañada. En auto se hacen menos  de 15 minutos a este viejo pueblo minero, donde aún quedan los restos de algunas minas de azufre y oro que hacen del paisaje un cuadro apocalíptico. Luego de una breve parada, nos incorporamos a la carretera estatal 148 para regresar a casa, pero a la altura de Cuapancigo nos detuvimos otra vez. No podíamos irnos sin conocer el antiguo puente de piedra del que tanto habíamos escuchado. Su pequeña parroquia fue la señal para detener el coche y bajar por la pendiente que da a sus espaldas. Y ahí, sobre el río que se abre cauce en el camino de rocas multiformes, vimos el puente de Nanahuacingo. No hubo mejor regalo de despedida que esa apacible postal que la tarde dibujó en el recuerdo de este viaje.

Contactos

• Coordinación de Turismo
Tel. 01 (797) 973 0006.

• Hotel Imperio
Tel. 01 (797) 973 1085.

• Cabañas de Campo Real
Tel. 01 (797) 973 0024 y 973 0375.

• Hostal Acocomoca
Tel. 01 55 5151 2152.

Más información:
www.vivetetela.com
www.cdi.gob.mx/ecoturismo/puebla_ecoturistico_carreragco.html

• Para visitar  las Cascacadas de Xaltatempa se requiere la ayuda de un guía, contáctelo en la Casa de Cultura que se encuentra en el Palacio Municipal de Tetela o en las oficinas de turismo con Emilio R. Posadas. Tel. 045 (797) 105 0174.

Cómo llegar

Desde el DF:
• Tomar la autopista México-Puebla 150 y antes de San Martín Texmelucan, desviarse a Tlaxcala (autopista de cuota 117). Pasando la ciudad de Tlaxcala, tomar carretera federal 119 y cruzar Tlaxco. Un poco antes de llegar a Chignahuapan, desviarse hacia Tetela por la carretera estatal 148. En la Terminal de Autobuses de Oriente salen los camiones de la línea atah.

Desde Puebla:
• Puebla–Santa Ana Chiatempan: 30 kilómetros.
Santa Ana Chiatempan–Apizaco: 16 kilómetros.
Apizaco–Tlaxco: 30 kilómetros.
Tlaxco–desviación a Tetela de Ocampo: 15 kilómetros.